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Del libro “La orilla familiar” (en proceso de edición)
si acaso la memoria fuera
un refugio gentil
una añoranza
pero hay una pared
y la cara y el cuerpo
en contra de ella
la camisa golpeada
la nariz
el pómulo saliente
toda la dentadura
(cada fusilamiento es una guerra)
nadie a quien llorar
parece
los muertos se esconden
se calcinan
se juega la camisa
para el mejor postor
-tenía pocos años-dicen
y estaba en la pared
porque no delató
detrás mataron a su padre
y ella
que perdía a un sobrino
y a un hermano
(como la neumonía
como haberlo visto
morir)
llegaban a la casa
luego
apenas una hebilla un zapato
a veces el vacío del mundo
en ese muro
toda la hostilidad
llegaba
el esperpento
danzaba con la noche
una sardana
reía como ríen los muertos
que no vuelven
y ella
que llora sus pestañas
en la alcoba
que grita porque dice
que no puede
-¿estará él acá?- pregunta el hijo
y se ata los ojos
se cierra el maxilar
la hembra
como animal herido
defendiendo
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